Mostrando entradas con la etiqueta Versos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Versos. Mostrar todas las entradas

viernes, 12 de agosto de 2011

BALADA TRISTE

CAÍDA

La tarde se le caía
en mil trozos destrozada
dijo adiós a la alegría
y su oro en llanto tronaba.

(Abajo, el río miraba.)

Se le caía el recuerdo
de sus antiguos acordes
músicas de otros amores
absorbidos por el tiempo.

(Abajo, el río contento.)

En su cuello, aún las huellas
de aquellos labios caídos
y su sangre pura, presa
de pena de malherido.

(Abajo, corría el río.)

El sol naranja, cobarde
se escondía en el regazo
del horizonte morado
dulce estampa de la tarde.

(Abajo, el río que arde.)

¿Iba solo nuestro amigo?
No, paseaba con alguien
mas ese alguien no era nadie
más que el arrullo del trigo.

(Abajo, reía el río.)

La caída de su suerte
la caída de la tarde
la venida de la muerte
se mascaba por el aire.

(Abajo, el río se place.)

Y a la última miel tomada
del panal del sol, vencido
tragado por la montaña
recluso del negro río.

(Abajo, el río asesino.)

miércoles, 10 de agosto de 2011

DEDICATORIA

ROSA DE PASTRANA
A la rosa que arranqué en la plaza de la Hora de Pastrana en el viaje por la Alcarria que hice hace año y medio, y que todavía conservo.

Ya se secó el zumo de tu espíritu
ya no te arropa el viento de la noche
desde que te arranqué del magnífico
hogar, tu árbol de la plaza por derroche.

Rosa, fueron mis ansias como un beso
que se ofrece al arrullo de la tarde
cuando el lucero decide escaparse
para volver pronto -¿quién sabe?- nuevo.

Tu remota vida se fue escapando
como horada el Arlés este gran valle
como mis manos toman por el talle
las nieves de una morena por regazo.

Y ahora, débil ya de tu gran suerte
de ser farolillo rojo encendido
de la plaza de la Hora, tu muerte
me ofrece el fósil de tu olor herido.

martes, 9 de agosto de 2011

NOCHE DE INVIERNO

PASEO INGENUO
MADRID, AGOSTO DE 2011

Del vientre de la taberna
llega un murmullo lejano
yo ando por la calleja
sin jazmines de la mano.

Jazmines que no son nadie
tampoco tú, mi quebranto,
tampoco ellas, danaides
de mi pecho enamorado.

Noche azul que se me escapa
por céfiro de humo blanco
venido de mis pulmones
[¡basta!
venido de mi oro en llanto.

Arañas de hielo blanco
de este invierno desabrido
galas de noches en nidos
de buhardillas de antaño.

No son para mí esas noches,
las de las rosas calientes
las que pacen en mi mente
las que imagino sin goce.

Y el gato de la esperanza
hecho con negro y esquivo
esta noche me amenaza
con gruñirme que estoy vivo.

domingo, 9 de mayo de 2010

ANTICIPACIÓN


Desde tu ventana hogareña, marco sin sombras,
sube el vapor de la nostalgia, del instante y de la
anticipación, sube la galerna de las primeras luces
de la mañana, de los estertores de la noche, una noche
que crees que hoy ha sido azul, ayer fue morada,
un día que no recuerdas fue negra, y mañana...

Desde tu ventana hogareña, brocal de esperanzas,
perspectiva de derrotas, aires de gozos encubiertos
que luchas por anticipar, las primeras sombras, los
grandes madrugadores, cuajan de vida las aceras en
penumbra, los parques desiertos y los silencios matutinos.
¿Existe el sufrimiento en el amanecer?, te preguntas;
¿es visible la cara oscura cuando el sol pugna por salir?,
te respondes. Nunca se detiene esa bronca radiación
de los motores, ni siquiera ahora, cuando, desde tu
ventana hogareña, a las seis de la mañana, libas el
aroma de esas muchachas que te quedan por conocer,
gustas el instante que te sostiene sobre el estrecho
pedestal de la vida, sospechas las tristes menudencias
que, ¡hoy tampoco! —¿o sí, tal vez?—, te impedirán
resucitar y, una vez más, decir: y mañana...

Desde tu ventana hogareña, fotograma azulado,
tu cerebro descansa de tantas horas de sueño o de
insomnio y te crees, te llegas a creer, que esa verdura
lejana, esos jardines oscuros, esos bloques de hormigón
y ladrillo que fueron creciendo desde tu infancia, esa
campiña amable, esa mujer acostada de la sierra de
Guadarrama, esas corzas saltadoras que jamás has visto
pero en las que piensas sin saber por qué, todo eso,
llegas a creerte que es tuyo y que con ello vives,
garantizándote, sin que tú lo sepas, que mañana...

Desde tu ventana hogareña, salida y entrada del mundo,
un haz te deslumbra, de pronto; es un haz a veces rojo,
otras púrpura, otras violeta, o quizá sea todo ello a la vez.
Se acabó la contemplación, es la hora de la batalla, te
apartas del alféizar —hondo precipicio de sensaciones—,
cierras los ojos, suspiras...
Pero no, aún no.
Las farolas, peregrinas luciérnagas, se apagan, en el horizonte
la claridad asciende con un color de hielo y, como venida
desde el corazón de la tierra, nace un fuego amarillo
que se abre paso entre la masa de ladrillo de enfrente.
Alguien, una silueta indescrifable, abre su marco hacia
la ciudad, observa, respira, fuma, pestañea, suspira,
te mira... Y de repente, la respuesta.
No es mañana, es hoy.

martes, 26 de enero de 2010

POR UN EXCESO DE CELO




DE VUELTA AL DOLOR

Por un exceso de celo
no te volveré a ver.
A vosotras os gusta
jugar, mas yo me
enredo en vuestro juego.

Viniste, miraste, me
ganaste.
Te vi, miré, quise
columbrarte.

Con torpes palabras
te hablé por vez primera
en idioma que no es el mío
mas sin duda de que tú me
entendieras.

Te dije de conocernos,
y no dudaste.
Me miraste con ojos de cielo.
"I nice to meet you", dije,
palabras ajenas.

Y comienza de nuevo la rueda,
el miedo al dolor,
deseo de dolor.

Y mi mente se llena de imágenes
imposibles, contigo, siempre
contigo.
¿Cómo es posible, si apenas te
conozco, si sólo te vi una vez,
si sé que no te importo?

Es igual, no lo puedo evitar.
Pienso que quiero placer,
mas yo ya no sé.
No sé si es placer lo que busco,
o si es el dolor que,
tras el arbusto,
acecha a mi querer.

Ansias de placer, de un paseo,
de una cama al anochecer.
Me siento desbocado,
embriagado,
todo toma tu forma,
todo se ve a través de tu cristal.
Y no lo puedo evitar,
por más que me digo:
"es sólo una chica más".
¡No! Ya no hay vuelta atrás.

Marchaste a tu país,
y no te despediste.
Amargo quedó mi corazón,
pero tranquilo, lejos de estar triste.
Cuando volviste me llamaste,
y tu voz extraña, de timbres
extranjeros, que no comprendo,
me era tan clara como la
luz de tu recuerdo.

Durante una semana
me diste y me quitaste.
"Ya empieza el juego",
si sólo quiero verte, y
que me cuentes,
y contarte.
Empecé a vislumbrar el dolor,
tras una esquina
agazapado
señal de ruina.

Cediste a mis ruegos,
a mis ansias, eras la reina
del juego.
Juego que no comprendo,
que me confunde, que me
hiere, que me lacera el
corazón porque me pierde.
Al fin, sí, extranjera, nos
vimos. Era una noche de
sábado, una postrera noche
de fiesta cuyas últimas luces
amarillas, las de tus ojos
(¿cómo pueden ser amarillos
unos ojos?; ¡lo son, lo juro!)
eran el preludio de un
nuevo dolor,
de un temido dolor,
de un dolor necesario
como el indendiario
que quema rastrojos
para la purificación.

Las peores imaginaciones
se cumplieron, te cansaste,
te asustaste de mí.
No contestaste a un "te quiero"
que, aunque velado,
te hablaba a ti.

Y, de vuelta al dolor,
como tantas otras veces,
me doy cuenta de que
no eres más que otro
diente, pasado, inamovible,
de éste mi corazón que,
como una rueda, sigue
girando en torno al amor
que tú, extranjera, no quisiste.

Sebastian Melmoth
Mar de Ontígola (Aranjuez), 26 de enero de 2010, a las 14:12.